Línea de Tiempo
de Jesús
de textos
intento de canon
Muratoriano
discernimiento
de Laodicea
y Cartago
Línea de Tiempo
de Jesús
de textos
primer intento
Muratoriano
discernimiento
de Laodicea
y Cartago
Jesús no dejó escritos sino que confió su mensaje a los apóstoles, quienes lo transmitieron oralmente.
La autoridad apostólica fue clave para mantener la pureza de la enseñanza.
Las primeras escrituras fueron cartas pastorales (Pablo) y luego evangelios, respondiendo a necesidades concretas.
Los textos se escribieron dentro de la comunidad creyente, no como "Biblia" sino como enseñanza apostólica.
Circulación de múltiples escritos cristianos, algunos auténticos y otros apócrifos.
Cada comunidad tenía sus colecciones preferidas, sin canon uniforme.
La Iglesia, con autoridad apostólica, definió qué libros eran realmente inspirados.
Usó criterios como origen apostólico, ortodoxia doctrinal y uso litúrgico universal.
Los apóstoles transmiten el Evangelio oralmente, basados en su experiencia directa con Jesús. La sucesión apostólica garantiza la continuidad de la enseñanza.
Pablo escribe cartas a comunidades específicas (Tesalónica, Corinto, Gálatas) para resolver problemas pastorales. Estas no se consideraban aún "Escritura".
Ante la muerte de los testigos oculares, se escriben los Evangelios para preservar el testimonio. Marcos escribe primero, basado en Pedro; Lucas investiga cuidadosamente.
Aparecen muchos textos cristianos: algunos genuinos (Didaché, Pastor de Hermas), otros gnósticos (Evangelio de Tomás). Las comunidades usan colecciones diversas.
Marción crea su propio canon reducido, rechazando el AT y muchos escritos apostólicos. Esto fuerza a la Iglesia a clarificar qué libros son auténticos.
Primera lista conocida de libros aceptados, similar a nuestro NT actual pero con algunas diferencias (incluye Apocalipsis de Pedro, omite Hebreos).
Ireneo, Tertuliano, Orígenes y otros defienden los 4 Evangelios y cartas apostólicas, rechazando escritos gnósticos. Surgen debates sobre algunos libros (Apocalipsis, Hebreos).
La Iglesia establece oficialmente el canon de 27 libros que hoy conocemos, confirmando lo que ya se practicaba en las comunidades.
Textos falsos (como evangelios gnósticos) distorsionaban la fe.
Cada comunidad usaba libros distintos.
El canon unificó la enseñanza para todos.
Al morir los apóstoles, se necesitó fijar su enseñanza auténtica.